Entrevista con Nicanor Loreti dir “Diablo”: Mejor Largometraje Argentino fest Int de Cine de Mar del Plata


¿Cómo fue tu aproximación al tema de tu película en Competencia?
Una vez leí en el diario que en Mexico hablaban de Satán regalando dinero por los barrios bajos. De ahí surgió la idea. Como siempre me gustaron las películas de boxeo, decidí mezclar aquella idea con la premisa de un boxeador retirado, con una fuerza sobrehumana, que puede enfrentarse a todo, pero se queda en su casa para que no lo jodan. La idea del héroe contra su voluntad me encanta, como el Snake Plissken deEscape de Nueva York. También me gustan mucho las comedias de enredos y las “Buddy Movies” así que básicamente Diablo mezcla todo eso. Es a su vez, una historia de amor: no hay que olvidar que Marcos hace todo por una mina. Y Hugo por la revolución. Es un enamorado de la vida. Como en al momento de escribir el guión aún era periodista y no tenía tanto tiempo libre, mi amigo Nico me ayudó a escribirlo, y lo presentamos al concurso Opera Prima del INCAA. Ganó, la filmamos y acá está.
¿Cuáles fueron los desafíos al momento de dirigir el largometraje?
El mayor desafío para mí era el trabajo con los actores, ya que jamás había dirigido yo mismo actores profesionales. Sí había trabajado con varios como asistente de dirección o productor, así que sabía lo que era estar en un set y ver a otros realizadores trabajar con ellos. Lo único que me decía mi instinto era que a la hora de elegirlos tenían que funcionar tanto a nivel humano como actoral, y así fue. Ya desde los primeros ensayos con Sergio Boris y Juan Palomino noté que había química entre ellos y que iba a ser divertido. Era lo más importante: al ser una comedia, no podíamos pasarla mal en el rodaje, esa sensación de alegría y bardo que estaba en el guión tenía que estar en el set. Los ensayos fueron cruciales, también: muchos diálogos de la película mejoraron un cien por ciento ensayando, ahí vimos cuál sonaba real y cuál no.
Por suerte, el trío protagónico Palomino-Boris-Aranosky fue pura alegría y dieron todo en cada escena. Hoy no me imagino una forma de trabajar diferente. Más allá de eso, en el set me sentí súper cómodo, y nunca demasiado tenso. La cosa fluyó. También tengo muy en claro que para pasarla mal me voy a trabajar a una multinacional, así que o el cine me hace feliz o me hago plomo de 2 Minutos…
No es exagerado decir que la película le duele al espectador por las extremas y fuertemente logradas escenas de acción. ¿Cómo las trabajaste?
Básicamente robándole a Sam Peckinpah… Jaja. Bueno, no del todo. Por un lado, los tiroteos los trabajamos con Nico, haciendo una planta de qué iba a pasar en cada ambiente, y eso lo armamos después con Franco Buratini, de Piromanía –quizás el tipo más proactivo del mundo-, y Kato Quiril, que la tiene clarísima y armó las peleas. Hubo cuatro variables importantes:
-Ensayar las peleas porque no había tiempo de rodaje suficiente para cortar cada dos trompadas, así que todos los actores involucrados en las secuencias de acción se aprendieron todos los movimientos y las actuaron completas. Lo que hice fue filmarlas enteras varias veces desde tres o cuatro ángulos y ya.
-Filmar los tiroteos a dos cámaras, porque una botella explota sólo una vez… Si querés dos planos de la botella para cortar de cámara lenta a normal como hacía Sam, hay que ir a dos cámaras, flaco.
-Tener actores de hierro: las tres principales peleas cuerpo a cuerpo fueron interpretadas por los actores mismos, sin dobles. Juan Palomino, Nico, Kato, Vic Cicuta y Leandro de la Torre se tiraron al piso, se comieron golpes, y pusieron el pecho como verdaderos gladiadores. Y tuvieron sus moretones de recuerdo también… Si tenía que cortar para que venga el doble de alguno, no terminábamos. Así que la falta de tiempo de alguna forma jugó a nuestro favor.
-Las locaciones, los lugares tenían que ser funcionales a lo que iba a pasar ahí adentro. Una de las razones por las que elegimos esa locación fue que tenía ese baño genial y enorme para “esa” escena.
Es muy difícil encontrar influencias de Diablo en el cine nacional. ¿Las hay? ¿Y cuáles son las películas extranjeras?
Influencias nacionales: Alguuuunas hay. Huguito es el clásico chanta porteño y no desentonaría en Nueve Reinas, aunque no podría decir que es una influencia. El nombre de Varela (Kato Quiril) es un homenaje al Comandante Varela encarnado por Héctor Alterio en La Patagonia Rebelde, y en un lugar viene a tener el mismo significado. El humor de No Habrá Más Penas ni Olvido, me parece glorioso. Noches sin Lunas ni Soles, sobre todo la pandilla de Maly y Cacho Espíndola con Boy Olmi, que no pegan una, y el buchón de Rudy Chernikoff, creo que tienen que ver con el lenguaje de Diablo. Ese tipo de realismo porteño me llega. Lo mismo podría decir de 76-89-03, donde hay un lenguaje propio de estafadores-chamuyeros-perdedores. A su vez, el cine de German Magariños, un director del super under, está presente en la escena con el gordo y el pelado en el baño, donde se va todo al carajo. En un lugar pasa eso, porque entramos un poco en ese mundo magariñesco. Es más, son actores de sus películas. Para el boxeo del comienzo, miré bastanteGatica, para ver cómo estaba piloteada… y básicamente esa escena tiene influencias de Gatica, Reto en la Noche, de Ferrara y de Toro Salvaje, claro. La sangre negra sobre el ojo es 100% Jake La Motta.
Influencias extranjeras: Hay de todo: el Cameron de Aliens (cuando la vean sabrán por qué), Peckinpah, Wes Anderson, Leone, Tarantino, obviamente Scorsese y Toro Salvaje, el Ferrara de Reto en la Noche (la idea del trauma de Marcos tiene mucho del Matty que hace Tom Berenger en esa película, y los flashbacks de boxeo también).
Mamet tuvo algo que ver también, de una forma extraña. Tiene cosas grossas Mamet, pero lo que intentamos hacer acá fue un anti-Mamet: dar vuelta la idea del plan maestro donde todos engañan al otro y al final había uno más inteligente que los demás. Acá el “plan maestro” es cualquiera. No quiero contar más para no pinchar la peli, je. Me gustan cosas del nuevo cine francés, como L’Insitinct de Mort y L’Ennemi Public No. 1,de Jean Francois Richet, o las peleas tipo Peckinpah, del comienzo de Pacto de Lobos. También cosas de los Coen más relajados, como Miller’s Crossing o Lebowski.
¿Cuáles son tus próximos proyectos?
Estoy escribiendo dos películas, una con Sergio Boris que se llama Dos para una Mentira, y otra llamada Zabojka!, con Fabian Forte. La primera es una comedia delirante y la segunda… ¡también! Pero son muy diferentes entre sí, por suerte.

Fuente: Festival Internacional de Cine de Mar del Plata

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