Las guerras del cine chileno: los autores versus los directores de la taquilla


No hay ningún párrafo dedicado a sus películas, aunque él ya acumula cuatro largometrajes. También se habla de realizadores jóvenes y él tiene 28 años. El volumen se refiere a largometrajes que han tenido buena vida en el extranjero y sus cintas han viajado desde el Festival de Mar del Plata hasta el South by Southwest Film Festival, en Texas. Por eso decidió averiguarlo todo por sí mismo y preguntar en plena conferencia de prensa por qué él no figura en El novísimo cine chileno. “Porque tu cine no cabe en el marco teórico”, fue la respuesta desde la mesa, durante el pasado Festival de Valdivia.
En el volumen hay espacio para 21 realizadores chilenos, pero no para Nicolás López, quien está fuera de las ligas del cine de autor que aborda este trabajo editado por Ascanio Cavallo y Gonzalo Maza. Su obra busca, sobre todo, llegar al gran público y en ese sentido lo que él hace tiene que ver más con lo que practicaban algunos directores chilenos en los años 50. Los del Novísimo Cine Chileno, en cambio, se emparentan con Raúl Ruiz y Aldo Francia a fines de los 60. Gente que buscaba una mirada propia. Así, por lo menos, se desprende de la tesis de este volumen.
Tampoco caben aquí Jorge Olguín ni Pablo Illanes. Andrés Wood, Marcelo Ferrari o Gonzalo Justiniano quedan fuera por estar en la generación anterior. El libro es claro y les da espacio a los que la mayoría de las veces fracasan en la taquilla, pero triunfan en los festivales europeos. A los que desde 2005 le han dado una identidad al cine chileno a través de elogiosas presentaciones en Cannes, Venecia o Locarno. Están ahí Pablo Larraín, Sebastián Lelio, Cristián Jiménez y Alejandro Fernández, por ejemplo.
Nicolás López no ha estado ni en Cannes ni en Venecia, pero su cinta Qué pena tu boda ya lleva 140 mil espectadores. Además, no hizo función privada para la prensa, porque no deseaba que los críticos hablaran mal de su cinta. El libro editado por Cavallo y Maza es, por el contrario, un trabajo hecho por críticos que se dedican a hablar de realizadores.
“Lo que me molesta de los críticos es que suelen darte consejos de cómo hacer la película. Quieren ver la película que ellos quisieran y no la que está en pantalla”, dice el realizador de Promedio rojo.
Pablo Larraín, quien sí cabe dentro del marco teórico del volumen, tiene su explicación sobre por qué están ahí los que están: “El libro no intenta ser una Biblia, sino que es una opinión de dos editores sobre un proceso cinematográfico. Se hizo con la misma libertad que uno puede tener para hacer una película”.
Otro de los que en aquella conferencia también reclamaron por la supuesta parcialidad del libro fue Carlos Hansen, gerente general de BF Distribution. “Ese libro no es representativo. Hay películas de Pablo Illanes, Andrés Wood o el mismo Rumpy que se hicieron después de 2005 y no están consideradas”, dice. “Nosotros estrenamos de todo, desde Baby shower, de Illanes, hasta Bonsái, de Cristián Jiménez. Por eso, creo que al cine chileno hay que mirarlo en su totalidad y no solamente a un grupito. Entre Baby shower, 03:34 Terremoto en Chile, Violeta se fue a los cielos y Qué pena tu boda hay más de 500 mil espectadores. Y ninguno de sus directores está presente ahí”, agrega Hansen.
Buena parte de los directores que integran El novísimo cine chileno han nacido al alero del Festival de Cine de Valdivia. Bruno Bettati, director del evento, prefiere limar el tono de las quejas de Hansen y López. “Este libro no constituye un canon. Prefiero mirar el lado positivo y decir que los autodenominados directores comerciales ahora se interesan en los libros críticos”, explica.
Uno que claramente se mueve en el terreno de la búsqueda de espectadores es Martín Rogers, productor de 03:34 Terremoto en Chile, la segunda película más vista del año, con 176.414 espectadores. “En mi caso, noto que más bien hay un cine de tipos nuevos como yo y otros de realizadores que ya se conocen. A nosotros nos ha costado mucho más introducirnos en el medio”, dice Rogers.
Un caso aparte es José Luis Sepúlveda, responsable de El pejesapo y una de las voces más llamativas del cine chileno reciente. “A mí no me interesa estar en el Festival de Berlín ni en Rotterdam. Sólo quiero mostrar mis películas en comunas como La Pintana y El Bosque”, afirma. El director también es parte del volumen editado por Gonzalo Maza y Ascanio Cavallo, pero se desmarca rápidamente. “Ni siquiera tengo el libro. La verdad es que no quería aparecer”, comenta.
Durante estos dos últimos meses se produjo una auténtica hemorragia de estrenos locales, aprovechando la ausencia de superproducciones en cartelera. Esta semana se estrenaron, por ejemplo, Perro muerto, de Camilo Becerra, y Música campesina, de Alberto Fuguet. Ellos son parte del llamado Novísimo Cine Chileno, pero lejos de esta órbita se encuentra Martín Duplaquet, quien viene de la publicidad y estrena la próxima semana Dios me libre, su debut fílmico. Es una comedia sobre los predicadores evangélicos y la apuesta es estrenar con la no despreciable cantidad de 26 copias. “Tenemos una campaña fuerte y sinceramente no sé si habrá algún director en la Tierra que haga películas para que nadie las vea”, dice.
Los caminos del cine local se mueven en forma paralela, pero no necesariamente se cruzan. La directora Alicia Scherson (Turistas) lo sintetiza así: “Hay maneras diferentes de hacer películas, pero no creo en las guerras del cine comercial con el cine más de autor. Prefiero creer que pueden convivir en forma pacífica”.

Fuente: por Rodrigo González M. para La Tercera

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