¡Lo mejor del cine latinoamericano! en el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata


Trabalhar cansa/Trabajar cansa, de Marco Dutra, Juliana Rojas. Brasil
Desesperación. El mundo laboral puede ser implacable. Y los fantasmas, los monstruos, aquello que crepta en nosotros mismos, nos apabullan. Trabajar cansa puede ser un relato de la situación laboral en América Latina. Pero es mucho más. Es también una indagación sobre los mecanismos mentales frente a una crisis. Lo que sucede por dentro a veces se corporiza, se despliega, o se proyecta. Los directores Marco Dutra y Juliana Rojas emprenden el desafío de reflejar lo social con la incorporación de elementos de género. Original. Porque si uno se pone a pensar, el terror nace de nuestros propios miedos.

El campo, de Hernán Belón. Argentina/Italia/Francia
El proyecto ganador del WIP en el 25º Festival vuelve con fuerza. El campo se presenta, en este largometraje de Hernán Belón, como un espacio indeterminado, en el que el sueño de comenzar de nuevo se mezcla con la incertidumbre y el miedo. Una pareja decide alejarse del mundanal ruido de la ciudad. En el silencio, en la tranquilidad y el sosiego, se va corporizando una densa y oscura sensación de peligro. A veces los pensamientos son el ente más temible.

El chico que miente, de Marité Ugás. Venezuela/Perú
Reconstruir la historia. De a pedazos, de a mentiras y verdades. Reconstruir la identidad, como si fuese un rompecabezas en movimiento. El chico que miente es el viaje, implícito y explícito, de un niño de trece años en busca de sí mismo. Pero también es el reflejo de toda una sociedad intentando resurgir de las cenizas. Historia personal y social se unen en la figura del protagonista, quien será el encargado de dilucidar qué queda en pie luego de la tragedia del deslave.

El lugar más pequeño, de Tatiana Huezo Sánchez. México
El lugar más pequeño no es apta para insensibles. Porque Tatiana Huezo Sánchez despliega de una manera poética y optimista una historia dolorosa y cruel, la del pequeño pueblo salvadoreño de Cinquera, devastado por la guerra civil. Desde sus ruinas, desde su propio dolor, los sobrevivientes erigieron nuevamente su mundo, como una fuerte metáfora de la esperanza. Con una fotografía exquisita y personajes y testimonios conmovedores, El lugar más pequeño se presenta como una de esas películas necesarias para entender que la memoria y el coraje colectivo son poderosos motores para la supervivencia.

El velador, de Natalia Almada. México/Estados Unidos
El tercer largometraje de Natalia Almada sucede en un cementerio. Ese es el lugar físico, el lugar luego de la violencia. Allí, a través de los ojos del velador, se construye una mirada contemplativa de un mundo que está allá afuera, antes del reposo final. El cementerio Jardines de Humaya, a las afueras de Culiacán, en México, es conocido como el “narcocementerio”. Allí, los jefes de los carteles mexicanos no pueden escaparle a la muerte. El antes; la barbarie y la vida como negocio, se revelan constantemente, a través de la poesía visual de El velador, como aquello que no está, pero que se presiente, se intuye, se adivina. Inteligente, sensible y original apuesta.

Girimunho, de Helvecio Marins y Clarissa Campolina. Brasil/España/Alemania
De vez en cuando, uno se encuentra con personajes entrañables. En la figura de Bastu “Abuela”, realidad y ficción se entremezclan para crear ese mundo maravilloso de la vejez llena de vida. Bastu enviuda pasado los ochenta. Y la vemos activa, construyendo, planificando, dando consejos. Se presenta ante el espectador disfrutando en todo su esplendor, haciendo de cada instante su instante, entre su realidad sencilla, su experiencia y su familia. Bastu es el corazón de Girimunho, un relato que crece desde las poéticas imágenes y una historia que vale la pena ser contada.

Las malas intenciones, de Rosario García-Montero. Perú/Argentina/Alemania /Francia
Es difícil lidiar con una realidad que cambia constantemente. Y más si esa realidad parece estar por derrumbarse. En este caso, la vida personal de Cayetana, una niña de 9 años, parece un reflejo de la sociedad peruana. O viceversa. Lo excepcional de Las malas intenciones, es esa mirada, a la vez perturbadora e inocente de la infancia plena, en la que los ojos comienzan a abrirse para empezar a desguazar lo que sucede, intentar comprenderlo. Difícil para un adulto, impiadoso para un niño. Las malas intenciones es ese momento en que todos dejamos la ingenuidad a un lado y nos destapamos los ojos.

Porfirio, de Alejandro Landes. Colombia/España/Uruguay/Argentina
Un cielo pleno inunda la escena. Imaginación, sueño o reminiscencia. Porfirio, persona y personaje, queda postrado por una bala policial. La justicia, en silencio, y en el mientras tanto ocurre la vida. Alejandro Landes logra un relato ultrarrealista que nos lleva directamente al interior del personaje. Entramos a la realidad de Porfirio, en medio de climas claustrofóbicos e hipnóticos, entramos en su cotidianeidad, entramos en su día a día, en la lucha -judicial y práctica- por la supervivencia. Si bien se refiere a crédito para un celular, Porfirio, el personaje, se dedica a vender minutos, esos mismos que sumados transforman a su vida en un constante espera. De alguna forma, el fin se hace inminente.

Tiempos menos modernos, de Simón Franco. Argentina/Chile
¿Hasta cuándo uno puede resistir? Parece que no hay escapatoria. Aún en medio de la Patagonia andina la modernización persigue a Payaguala, un criador de ovejas bastante ermitaño. Tiempos menos modernos es en parte un relato de la resistencia, en parte un reflejo de la colonización que no cesa. El proceso histórico de globalización no pierde su fuerza, cambia su forma, se modifica, pero finalmente, no hay paraje demasiado alejado para estar a salvo. La historia se emplaza en escenarios de una belleza inigualable, de una crudeza y rusticidad plenas y se erige a partir de la calidez de sus protagonistas. Tiempos menos modernos, además de ser un homenaje en forma de juego de palabras a Charles Chaplin, es un justo y certero mensaje sobre la importancia de la conservación de la cultura de un pueblo.

Todos tus muertos, de Carlos Moreno. Colombia
Un centenar de muertos no pueden ser demasiados. Ni demasiados para empañar las elecciones que se están llevando a cabo en el pueblo, ni demasiados para ensombrecer la carrera política del intendente. Salvador, un campesino humilde, encuentra en sus tierras lo que podría ser una bomba a punto de estallar. El simple razonamiento lo lleva a denunciar aquello que encontró, pero pocos querrán ver lo que ocurre. Carlos Moreno despliega una historia simple que encarna múltiples simbolismos sobre la realidad latinoamericana. El humor negro y el cinismo están manejados de una manera magistral para hacer de Todos tus muertos una historia que nos incumbe a todos.

Fuente: Festival Internacional de Cine de Mar del Plata

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