¿Por qué tiene tan mala suerte el documental?


 

Imágenes de los documentales Bicicleta, cuchara, manzana; Asaltar los cielos; Balseros y Bucarest.-

La industria sigue mirando con recelo un género cada vez más sólido – Los creadores se quejan de la falta de ayudas oficiales.
El cine nació con el sello del documental. Los hermanos Lumière rodaron en 1895 La salida de los obreros de la fábrica. Se proyectó en una sala de París tres días después de su grabación. Fue la primera vez que imágenes en movimiento reflejaban un hecho real. Desde entonces han pasado más de cien años y las películas sobre la vida han sido superadas por la ficción. Pese a todo, el documental sigue reivindicando su sitio dentro de la industria audiovisual. Asaltar los cielos (1996), un trabajo que narraba la muerte de Leon Trotski en México, fue, según los expertos, el detonante del género en España.Su director, José Luis López Linares, productor y realizador desde hace 15 años, lamenta que no haya una política coherente en el cine documental, pese a que existe público para ello. “Lo más difícil de estos proyectos para cine no es estrenarlos sino mantenerlos en la cartelera”. Cita como ejemplo El esfuerzo y el ánimo, de Arantxa Aguirre, que se estrenó en París en cuatro salas a sesión completa, mientras que en Madrid lo hizo solo en una sala y en pase diario. Es una muestra del escaso interés de exhibidores y distribuidores por este producto, unido al poco respaldo por parte de los espectadores. “Hay que convencer a las tres partes”, asegura Antonio Delgado, director de Documenta Madrid, el más importante festival español dedicado este tipo de obras.
A pesar de este sombrío panorama, la producción de documentales para cine ha ido creciendo en los últimos años en España de manera lenta pero segura. Así, de los 37 producidos en 2007 se escaló a los 55 de 2008, los 60 de 2009 y los 66 de 2010. Muchos pasaron si pena ni gloria. La falta de promoción es una de las quejas más habituales de los creadores. “Siempre hay alguna excepción que rompe el círculo vicioso, pero si no se hace apología del género no se conseguirán buenas audiencias”, asegura Albert Solé, director de Bucarest, Goya al mejor documental en 2009 y cuyo pase por TV-3 en prime time consiguió un 17% de cuota de pantalla, la media de la cadena. Solé asegura que el realizador de un documental se enfrenta a retos creativos más difíciles que los productos de ficción. “La imposibilidad de trabajar con guión cerrado hace que una buena película documental obedezca, aún más, a una extraña y feliz alquimia de elementos”, dice.
Para el director de Documenta Madrid los documentales arrastran un agravio histórico en las salas de cine. “Los festivales estamos aquí para ayudar en la difícil visibilidad de los documentales. Ya el hecho de que se distinga entre películas y documentales cuando los documentales son igualmente películas es una aberración”, añade Delgado, responsable del festival desde su creación en 2004. Documenta Madrid afronta el próximo mayo su octava edición con un dato llamativo: de las 80 películas a competición en la edición del 2010 solo se han estrenado en sala dos o tres. “Hay que acostumbrar al espectador, quitarle el miedo”.
Bicicleta, cuchara, manzana, el documental dirigido por Carles Bosch que se ha adentrado en la vida del expresidente de la Generalitat y exalcalde de Barcelona, Pascual Maragall, y el alzhéimer que padece, ha recaudado desde su estreno a principios de octubre de 300.000 euros y ha sido visto por 50.000 espectadores. Tras la ceremonia de los Goya, el pasado 13 de febrero, se ha vuelto a estrenar en más salas y se han ampliado el número de sesiones en los cines.
El público de la televisión está más acostumbrado a ver documentales. Aunque el número de emisiones en las cadenas estatales y autonómicas oscila según los años, se mantiene por encima de las 20.000, según el estudio realizado por EGEDA (Entidad de Gestión de Derechos de los Productores Audiovisuales). Así, de las 23.983 emisiones en 2007 se descendió en 2008 a 21.680 y luego se elevó en 2009 a las 22.890.
José Manuel Novoa, director de la productora Explora, con una larga trayectoria de trabajos audiovisuales, también es muy crítico con la situación. “El documental no interesa en España. No lo apoya nadie. Hacer documentales es una carrera de obstáculos”. Con 14 empleados, su compañía se mantiene en pie gracias a las ventas internacionales de sus productos -“el 90% de los ingresos provienen de fuera”-, pero para llegar a estos mercados es necesaria una estructura muy potente.
Trazar una red de distribución en todo el mundo no es una tarea sencilla. Es necesario acudir a los grandes mercados del sector audiovisual (Cannes, Hong Kong, Las Vegas, Miami) y estar dentro en el circuito internacional. Así es, “con mucho esfuerzo y desgaste”, como los documentales de Explora se pueden ver en Arte, National Geographic, la RAI, la BCC o la NHK. Para que estos canales compren un documental español debe tener “mucha calidad, y eso requiere un coste muy elevado que en España no paga nadie”, dice Novoa.
Se queja sobre todo de que el Instituto de Cinematografía y de las Artes Audiovisuales (ICAA) no apueste por el documental. “Exige un formato mínimo de 60 minutos, que no es el de la televisión, y que se estrene el cine. Pero la realidad es que a ver cine documental no va nadie”. Admite que las pocas ayudas son para el documental de autor, de temas locales que no salen de España. “Si queremos jugar en primera división es necesario el apoyo institucional”, dice en tono muy crítico. Explota recibe subvenciones de la UE. “Fuera de España estamos muchísimo más reconocidos. Aquí, ningún Gobierno ha favorecido esta industria. Somos invisibles”, explica José Manuel Novoa.
La misma queja lanza Albert Solé, que califica la política del ICAA como “una situación que parece sacada de los hermanos Marx”. “En su ambición por prestigiar el documental la reglamentación de la nueva ley del cine especifica un techo presupuestario mínimo de 600.000 euros para poder subvencionarlos, lo cual ha hecho que en las últimas convocatorias solo hayan entrado proyectos con presupuestos hinchados en los que la calidad artística del guión o el currículo del equipo creativo no contaba”.
Carlos Cuadros, nuevo director general del ICAA, dependiente del Ministerio de Cultura, asegura que las películas documentales pueden acceder a las ayudas como el resto de los largometrajes de ficción, y que incluso hay una especial reserva de presupuesto para estos productos. “Está claro que el documental no es un género de ocio, sino que es algo que invita a la reflexión y a la información. Lo que tendríamos que conseguir es convencer a los espectadores con esta frase que decía Bertolt Brecht: ‘aprender también es divertido’.
Hoy en día, las grandes producciones documentales están en manos de las televisiones. Una de las más ambiciosas producciones de National Geographic (NG) ha sido Grandes Migraciones (dos años y medio de trabajo, 67.000 kilómetros recorridos, 20 países, siete horas de metraje). La directora de NG en España, Pilar Jiménez, asegura que la trayectoria de los documentales ha ido al alza en los últimos tres años (el canal ha crecido un 100% tras su lanzamiento en Telecable). La mayor concentración de audiencia se da en el late night y en la sobremesa. Es en esta franja en la que se ubican las grandes apuestas, las que atraen las mayores audiencias. “El cine no es nuestro negocio”, reconoce. Uno de los pocos contactos con la pantalla grande ha sido el preestreno de Grandes migraciones, la producción más ambiciosa de su historia, filmada, eso sí, con calidad cinematográfica.
National Geographic también ha hecho incursiones en la actualidad. Una de las más recientes y aclamadas ha sido Restrepo, fruto de la colaboración del fotoperiodista Tim Hetherington y el periodista y escritor Sebastián Junger. Narra las experiencias durante 15 meses del segundo pelotón de militares de Estados Unidos y la compañía de batalla de la 173 Brigada Aerotransportada, donde ambos estuvieron empotrados. Recopilaron 150 horas, en las que retrataron el aburrimiento, el humor, el terror y la vida cotidiana en el puesto de avanzada, bautizada por los soldados como Restrepo, en honor a su médico, Juan Restrepo, que murió en una acción bélica.
Para las pequeñas productoras es difícil abrirse paso ante gigantes como National Geographic. Novoa no ahorra reproches a las televisiones, y especialmente a TVE. “Ha rebajado las tarifas para la adquisición de documentales. Antes pagaba 40.000 euros por un trabajo y ahora abona 7.500 si se trata de un documental de naturaleza”. Otros géneros, como por ejemplo la antropología cotizan más a la baja: 5.000 euros la hora. “Son precios irrisorios. No dan ni para subsistir. Y todo pese a que el documental es el producto más rentable de la televisión si se tiene en cuenta el coste por audiencia”.
Televisión Española replica que las compras se ajustan al precio de mercado y que en aquellos trabajos en los que la cadena entra como coproductora se acerca en casi todos los proyectos a los 40.000 euros. Samuel Martín Mateos, responsable del área de documentales, asegura que la cadena estatal presta “un decidido apoyo a la industria documental como consecuencia de la ley que nos obliga a invertir el 6% del presupuesto en cine”. “En dos años hemos ganado dos goyas”, dice en referencia a los premios cosechados por Bucarest y por Bicicleta, cuchara, manzana.
De ahí el optimismo que desborda TVE. “Nos sentimos muy orgullosos de tener esta relación con la industria y el mundo del documental. No hay nada perfecto, pero el género se está impulsando gracias a los productores y al apoyo de las televisiones públicas. Históricamente, TVE ha sido uno de los grandes aliados del documental y debe seguir siendo así”, dice Martín Mateos.
Entre 2007 y 2009, el número de emisiones de las principales cadenas de cobertura nacional superó las 11.000. La 2, refugio natural del género documental, se ha transformado en un canal de cultura y participación ciudadana. En este contexto, se ha escorado hacia la producción de documentales sobre personajes célebres para el serial Imprescindibles y ahora prepara las biografías del cardenal Tarancón o el escritor Manuel Vázquez Montalbán.
En la nevera desde hace varios años tiene, sin embargo, trabajos de envergadura como El señor de Sipán, un documental de Explora, El Deseo y RBA que aborda la ancestral cultura peruana moche gracias los descubrimientos arqueológicos de Walter Alva en 1987. Hace dos años se estrenó en Perú, en un pase especial en el que asistió su presidente Alan García. Poco después se difundió por televisión. TVE, sin embargo, no da fecha de emisión y solo adelanta su objetivo de crear una noche temática o un mes dedicado a la arqueología con otras obras de la productora Explora.
Una situación paradójica si se tiene en cuenta que El señor de Sipán ha sido distribuido en unos 40 países, de Estados Unidos a Francia, pasando por Suecia y Brasil. En algunos, va incluso por el segundo pase.

Fuente: El Pais

Un pensamiento en “¿Por qué tiene tan mala suerte el documental?

  1. Muy bueno el comentario en mmentos en que la informacion es fundamental, y es solo a traves de la documentacion visual que se llega sobre todo al espiritu joven que requiere de mayor motivavcion e impulso para estimular su creatividad , partiendo de la visualizacion de su entorno y las distintas oortunidades donde pueden ser protagonistas del desarrollo social, economico y politico y sobre todo el de una conciencia nueva, dirijido al respeto de sus semejantes y de su habitad.

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