Entrevista con Javier Bardem tras su papel en “Biutiful”


Con su personaje de Uxbal en Biutiful, la nueva cinta de Alejandro González Iñárritu, Javier Bardem conquistó el último trofeo que le faltaba: la Palma de Oro.
Es serio y reservado, pero sobre todo, apasionado. Tras presentar Biutiful en el Festival de Cannes, el actor español se hizo un hueco para hablar acerca de su proceso creativo, sus demonios y sus desgarros en el set.
¿Qué es lo que más te conmovió de tu personaje Uxbal para decidir interpretarlo?
Me gustan los personajes hermosos y profundos. Y en este caso, creo que Biutiful habla de una cosa muy importante que es cómo la corrupción y la explotación a nivel personal y a nivel sociedad sólo puede acarrear enfermedad. Uxbal está corrompido, está explotado y él a su vez corrompe y explota a los demás. Pero a pesar de ello y de todas sus circunstancias, muy extremas, intenta recobrar como último signo de salud el amor, la comprensión y el perdón. Palabras muy denostadas en los tiempos que corren. Eso fue lo que me atrapó de él.
En Biutiful se muestra un aspecto muy diferente de la Barcelona romántica que se ve en Vicky Cristina Barcelona…
Cualquier ciudad en occidente tiene ese claroscuro de ciudad avanzada, rica, pudiente, cómoda, que se sustenta en el sacrificio de muchas personas que trabajan ahí de forma ilegal y en condiciones deplorables. Europa es la casa de mucha gente con grandes desgracias que llegan aquí intentando olvidarse de la miseria de la que han huido. Y Barcelona es una de ellas al igual que Madrid, Londres, Roma, París, etc. Es más, la Barcelona idílica de Woody Allen existe. Todos los veranos hay cientos de aviones buscando esa imagen. Pero creo que ambas Barcelonas conviven de tal forma que una no podría existir sin la otra. Me gusta haber participado en ambas visiones de la ciudad, porque equilibra el peso de la balanza.
Iñárritu dice que al igual que él, eres un profesional muy intenso… ¿Cómo logras desconectar y no llevarte tus personajes a casa?
Con el tiempo aprendes a diferenciar entre lo que te pasa a ti y lo que le pasa a tu personaje y a decir no, eso no es mío. Es fundamental hacerlo porque de lo contrario, entras en una vorágine personal que además de ser muy fea es cero creativa. Lo verdaderamente difícil de conseguir -y no digo que ya lo haya logrado del todo, pero es mi objetivo-, es saber cómo, partiendo de lo personal y entrando en tus propios demonios, puedes inspirarte para interpretar a tu personaje y darle vida propia, sin olvidar que ése no eres tú.
Has trabajado con grandes directores como Los Hermanos Coen, Woody Allen, Bigas Luna… ¿Qué aprendiste de Alejandro González Iñárritu?
Alejandro es un director muy entregado, muy intenso. Te exprime al máximo, saca todo de ti, pero siempre sabes que estás en buenas manos y que tiene una razón poderosa para hacerlo.
Uxbal es un hombre que cuando sabe que se acerca el final de su vida intenta hacer balance y dejar las cosas bien atadas ¿Qué balance harías de tu vida actualmente?
Uy… ¡No sé! La verdad es que no creo en los balances. Creo en la necesidad constante de agradecer lo que tenemos. Porque tenemos mucho, más de lo que imaginamos. Cuando entras en realidades tan duras como ésta, e investigas y realmente te pones un segundo en la piel de las personas que sufren, te das cuenta de lo afortunados que somos. Frente a eso no hay que hacer ningún resumen, simplemente decir gracias y tirar para adelante.
A nivel actuación lo has conseguido todo: Oscar, Palma de Oro, Copa Volpi, Goya… ¿Ahora no te gustaría ponerte detrás de cámaras?
¡No! Yo no quiero dirigir nunca, me parece algo completamente esquizofrénico, yo estoy más con los actores. Como director tienes que contestar demasiadas preguntas. Tengo un amigo que es actor y decidió dirigir una película. Recuerdo que aguantó y aguantó hasta que llegó una escena en un bar en la que le dijeron,“oye, ¿los palillos los quieres redondos o lisos?” y ahí explotó ¡Hasta eso tienes que decidir! Yo me muero.
Un actor de método
A Javier le gusta llegar hasta las últimas consecuencias de los personajes que interpreta. Para preparar a Reinaldo Arenas, el poeta homosexual cubano de Before Night Falls, pasó semanas en Cuba y leyó toda la obra del escritor. En el caso de Ramón Sampedro, el tetrapléjico gallego de Mar adentro, se sometió a 6 horas diarias de maquillaje que lo hacían parecer 20 años mayor y lo prepararon para un papel en el que sólo podía mover la cabeza. El único caso en el que no exploró el pasado del protagonista porque odia la violencia, le dio el Oscar: el asesino Antón Chigurh de No Country for Old Men.

Fuente: CNN Mexico

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